Narran hechos de Hospital Materno Infantil Cuajimalpa

Eran las 6:50 cuando el fuerte olor a gas invadió el hospital. La pipa que descargaba en el patio de Urgencias había presentado una falla. El policía de vigilancia del nosocomio dio la alerta. Varios de los familiares y pacientes en urgencias pudieron escapar pero el personal médico y de enfermería decidió permanecer mientras se desalojaban quirófanos, camillas y cuneros. Fue a las 7:10 que la detonación colapsó la estructura del hospital de un piso y un fuerte resplandor iluminó la zona de Contadero, en Cuajimalpa.

El humo y el polvo impedían ver el desastre: el hospital se había colapsado. Entre la confusión y el pánico los vecinos, pacientes y familiares huían mientras otro intentaba llegar para auxiliar a las víctimas que salían quemadas de entre la nube de humo.

“Nos habían reportado que había una intensa fuga. Salimos de la central de Cruz Roja alrededor de las 7:00 pero cuando llegamos a o zona de Contadero la gente gritaba que el hospital se había caído. Entonces regresamos a la unidad para cambiar de equipo, agarramos las ‘mandarrias’, las moto trazadoras, los cascos, los guantes y las cuerdas. Llegue a las 7:20. Era un tragedia”, cuenta José Ramos González, Técnico en Urgencias Médicas intermedio con rescate urbano y elemento del grupo USAR de Ciudad de México.

“La estructura se colapsó por la explosión. La fuga de gas debió ser fuerte y por el peso del gas, éste se acumula en la parte baja y por la posición de la pipa el gas ingresó y se acumuló al interior del hospital. El gas mezclado con el oxígeno, que en todos los hospitales debe haber, hizo una mezcla altamente explosiva. Una chispa y eso se dinamitó”.

“Además el terreno es una hondonada y la onda expansiva no tuvo salida, fue como una olla de presión que explotó y colapsó el hospital. Es como sí la explosión hubiera levantado la estructura desde los cimientos y quedo toda revuelta”, afirma el rescatista especializado en búsqueda y salvamento en edificios colapsados, quien estuvo en Haití durante el terremoto en 2010.

“Comenzamos a identificar los “espacios vitales” y por ahí comenzamos a introducirnos para comenzar la búsqueda de las víctimas. La primera que rescatamos fue a una señora que traía como una pijama. Tenía clavada una varilla en su costado izquierdo entre las costillas y tenía amputación parcial del brazo derecho. Pero en su rostro se le veía las ganas de vivir. Nos pedía que no la dejáramos ahí”.

Me dijo: “Me llamo Guadalupe, tengo 36. En su costado izquierdo tenía un metal clavado. Cortamos, levantamos, metimos la camilla najo de férula espinal. Y la sacamos. A su lado rescatamos a un bebé, con algunas quemaduras y contusiones. Los dos salieron de aquí con vida.

Esa fue la señal que indicó que el rescate debía continuarse. El hospital no había sido desalojado en su totalidad. Aún debía encontrarse la lista de personal, de pacientes y el censo de ingreso de externos que policías del nosocomio debía tener para determinar cuanta gente estaba atrapada.

De inmediato el llamado en las frecuencias de los servicios de emergencia fue de rescate de personas en estructura colapsada.

Con información del Universal
@lulyann
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#Cuajimalpa #HospitalMaternoInfantil #DF #noticias

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