¿Guerra sucia o campañas negativas?

En general a los mexicanos y por supuesto a los políticos, decimos que no nos gustan las campañas negativas, tanto es así que hasta se le ha denominado “guerra sucia”. Y probablemente no es novedad en un país que sistemáticamente rehuye a la confrontación. Nos cuesta trabajo, no nos gusta. Quizá asi hemos sido educados.

Lo cierto es que en el mundo las campañas negativas son una realidad. Y lo son, simplemente porque funcionan. La romántica idea de una campaña en base a propuestas solo es posible para el líder, evitar la confrontación directa es casi un deber para administrar su ventaja, lo último que tendría que hacer el líder es arriesgar.

Por eso quienes van de líderes en una campaña, al menor cuestionamiento de sus obras y su plataforma política, gritan y denuncian una guerra sucia en su contra. No les gusta que saquen a relucir su pasado, cuando este les descuadra sus promesas e inmediatamente la tildan de guerra sucia.

Bueno, tan no les gusta a los políticos que pretendieron blindarse con la reforma electoral del 2007 que prohíbe publicidad que “denigre” (le dicen ellos) a los partidos políticos. No importa claro, que las afirmaciones sean falsas o ciertas, lo importante es cuidar la imagen, o cuidarse la espalda, diría yo.

¿Qué es una campaña negativa? De acuerdo con Joe Garech es atacar directamente al oponente, a sus políticas, sus resultados, su persona o su carácter.

Atacar sus políticas y resultados.
Estos ataques, o bien van directamente en contra de la plataforma política y las promesas de tu oponente, o se comparan sus políticas con el del propio candidato, y se señalan donde es que las promesas del candidato de la oposición y sus opiniones fallan. Ej. A pesar que promete recuperar la tranquilidad en el país, cuando fue gobernador, no solo no lo logró en su estado, sino que el índice de homicidios dolosos se incrementó en un x%.

Atacar a la persona, argumentando que algo es falso, pero eludiendo presentar razones adecuadas para rebatir una determinada posición o conclusión. En su lugar se ataca o desacredita la persona. Es una vieja trampa de lógica, Argumento ad hominem le llamaban los antiguos griegos. Se trata de desacreditar al oponente, pero no se atacan sus argumentos. Ej. su plataforma económica es inviable porque es un populista.

Atacar el carácter. Estos ataques sugieren que ciertas cosas en la vida actual o pasada de su oponente los hacen no aptos para la posición política que están buscando. Ej. Un mal padre no puede ser un buen presidente.

A mi entender, si se ataca a las políticas y resultados, con datos fehacientes y comprobables, no se trata de guerra sucia, sino de campañas negativas, perfectamente éticas y hasta necesarias. Si en cambio se ataca a la persona o a su carácter pasan de ser campañas negativas a guerra sucia.

No nos asustemos pues con las campañas negativas son parte intrínseca de la democracia.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

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