¿Así es Saltillo?

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Mi tierra es un pueblo grande, y quizá ese es el encanto para los que la habitamos. Hace unos 26, 27 años ni siquiera había en mi ciudad una cadena de autoservicios nacional. Desde luego no había grandes complejos cinematográficos de esos con más salas que ideas en los políticos, recuerdo particularmente los “Gemelos Alameda” (en realidad eran dos salas, pero así los bautizaron pomposamente) de la calle Victoria. Teníamos 2 “discos”, el Sahara (si mal no recuerdo), y el Luigi Station (Una especie de vagón de ferrocarril en la Calle V. Carranza) pero la “vida nocturna” para los que en ese entonces entrábamos en la adolescencia transcurría en fiestas privadas de paga (una especie de Rave fresa), en la Hibernia, la Aurora o alguna otra casona de San Lorenzo, o algunas cheves o tocada en la Vaca Pinta.

Lo más alarmante que llegaba a suceder era alguna pelea a puñetazos que ocasionaba si acaso alguna nariz rota, y sobre todo el orgullo quebrado de quien lo padecía. Creo que la única preocupación real que tenía la policía eran los “desmanes” que hacían en esos años los estudiantes de la Narro, en la parada de la Michoacana de la Calle Victoria (en la de Victoria diríamos los Saltillenses).

No había preocupación que de regreso a casa te pudieran “levantar” o salir herido en un fuego cruzado. Podías ir a intentar correr a la alameda incluso a la media noche, y la experiencia más aterradora era interrumpir a algún par de tórtolos en pleno romance. Lo que les preocupaba entonces a los padres con hijos adolescentes era llegar a deshoras por andar con el novio (a), algún percance automovilístico, o que llegaran sus vástagos pasados de copas. Tan aburrido como eso, tan lejano como eso.

Supongo que es una historia no muy diferente de otras ciudades del norte de nuestro país. La tranquilidad de nuestras calles y colonias poco a poco se fue perdiendo, poco a poco, pero de manera definitiva. Demasiadas omisiones y una estrategia que ha llevado a un notable incremento en los niveles de violencia en nuestro país ha cobrado ya muchas víctimas inocentes.

Para mí el asesinato de Marcelo Garza y Garza, entonces director de la Agencia Estatal de Investigaciones de Nuevo León el 5 de Septiembre del 2006, por encargo de Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, principal operador del Cártel de los Beltrán Leyva en Nuevo León, dio la pauta de lo que habría de pasar en nuestras ciudades. Garza y Garza fue ejecutado de dos balazos por la espalda frente a la Iglesia Fátima, en pleno corazón de San Pedro. De ahí en adelante las ejecuciones serían cosa de todos los días.

Mi ciudad, Saltillo, se había mantenido sorprendentemente ajena a lo que a diario se vivía con mis vecinos de Torreón y Monterrey. Mientras en ambas ciudades había balaceras a diario, en Saltillo era más bien esporádico, si es que sucedían. Sin embargo lo que sea que haya pasado para mantener la ciudad fuera de la espiral de violencia del noreste de nuestro país se perdió. La vida como la habíamos vivido desapareció. No más salidas a centros de diversión nocturno los fines de semana, los horarios para ir al cine se han recortado, los ejercicios de simulacros en las escuelas suceden desde kinder hasta universidades, incluso en el colmo, ayudar a quien lo necesita ha ido poco a poco desapareciendo ante la desconfianza que sea alguna trampa, la paranoia y angustia se ha apoderado de muchos ciudadanos. No es en balde, muchas vidas se han perdido. Si antes en estas épocas antes de salir checabas la temperatura, ahora tienes que checar el twitter para saber si no hay balaceras. Terrible, esta ciudad definitivamente no es en la que yo crecí.

Tan solo en esta semana ha habido 3 enfrentamientos con saldos mortales, la semana pasada murió un comandante, hace unas 3 semanas hubo enfrentamientos de lunes a jueves y perdió la vida un menor de edad. Entre la indiferencia que marcó HMV en el combate a la delincuencia y la necedad del gobierno federal de mantener una estrategia errónea, los ciudadanos hemos quedado atrapados.

Si es terrible lo que ha pasado, más terrible es que no se ve alguna luz que marque un camino distinto. La delincuencia organizada y las malas decisiones gubernamentales (en ese orden) han mermado nuestra libertad y nuestra soberanía, han “expropiado” territorios y se han apropiado de nuestros miedos. Es urgente sacudirnos esa carga.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

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2 comentarios el “¿Así es Saltillo?

  1. Yo viví en Saltillo de 1969 a 1980, y la recuerdo como ciudad tranquila. Después me vine a vivir a Monterrey, y he sufrido la terrible ola de violencia que ya se conoce. Sin embargo, en lo que no estoy de acuerdo es en que la estrategia del gobierno sea la equivocada (conste que no soy panista, yo voto por los candidatos, no por un partido) . Una gran mayoría de los muertos en esta ciudad, son resultado de la guerra entre cárteles, se matan ellos solos, ya sea que el ejército estuviera en las calles o no. Los gobiernos anteriores pactaron con el narco, y lo dejaron crecer hasta el nivel que vemos ahora. Pero el detonador de la vlolencia en México, fue la ruptura entre los Zetas y el CDG, esto hubiera sucedido hubiera o no hubiera intervenido el ejército.
    Las balaceras, de las que tenemos una docena cada día, no me preocupan mucho. La probabilidad de que nos toque estar en fuego cruzado en muy pequeña. Lo que me preocupa son los secuestros, perpetrados en su gran mayoría por Zetas, que han afectado en Monterrey a muchas más personas que los enfrentamientos, y que además casi nunca se conocen. Los sicarios superan en poder de fuego a los policías; los únicos que han demostrado poder derrotarlos son el Ejército y la Marina, tanto por su capacidad de armamento como por su bajo nivel de corrupción. El crimen está en las calles, y hay que aplastarlo.

    Saltillo estuvo tranquilo com HMV, porque es de dominio general la conexión de alguien de su familia con los Zetas, quienes tenían dominada la plaza, vivían en Saltillo y operaban en Monterrey. Pero esto se acabó.
    Estoy de acuerdo en que a largo plazo, se requiere reconstruir el tejido social en lugar de usar la violencia. Pero en este momento, el cáncer está allí y hay que extirparlo.

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